Una historia rica en matices

A principios del siglo XVIII, una dinastía abandona nuestro trono para cedérselo a otra. Los Austrias se van, dejando el país bastante dañado desde el punto de vista económico, y llegan los Borbones, conscientes de que el modelo establecido por sus predecesores jamás situaría a España en la senda del desarrollo. 

 

Carlos III llega a la corona española con mucha experiencia, ya que llevaba dos décadas reinando como Carlos VII de Nápoles. Era un hombre culto, que gobernó con buena mano y apostó por modernizar el país. Cabe destacar que quizá Carlos III no habría podido concretar todo lo que consiguió si no hubiese tenido por delante a su hermano, a quien suele eclipsar en los análisis históricos. Nos referimos a Fernando VI, que dejó el terreno abonado a su muerte. 

Los Borbones llegaron con ideas frescas, traídas de la corte del Rey Sol, planteando reformas importantes. Entre ellas, cambios en la Administración con un modelo centralizado, unificación de Justicia y Tributos, reforma de la Marina y el Ejército, cambios en la gestión de las colonias, nuevas infraestructuras, la creación de un nuevo cuerpo de funcionarios para ocuparse de la Hacienda Pública y la instauración de un pequeño impuesto a nobles y clero.

 

En ese contexto de cambio de modelo económico y de transformación social nace la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, concretamente en 1775, de la mano de Carlos III, quien impulsó desde el principio la creación de esta cuna de la Ilustración en Madrid.

La Ilustración en Madrid

La estructura social de Europa en el siglo XVIII se basaba en el privilegio. Todas las personas eran desiguales desde el mismo momento de su nacimiento. El cambio social se tornaba imposible. Es entonces cuando el pensamiento de la Ilustración llega a estas tierras de la mano de, entre otros, John Locke, Voltaire y el Barón de Montesquieu, cuestionando todo el sistema.

 

Criticaban la sociedad tradicional, los privilegios, el clero y la iglesia, el absolutismo… Creían en la igualdad, convencidos de que el hombre debe ser libre, y apostaban por la cultura como único medio para conseguirlo. Este movimiento se sostenía en siete pilares: ciencia, naturaleza, progreso, virtud, felicidad, crítica, utilidad y, sobre todo, razón. Por ello esta época es conocida como el Siglo de las Luces.

 

 Así es que en el siglo XVIII, España se hace levemente cosmopolita. El rey necesita a los nobles para el cambio social; los nobles, al rey, y entre todos deciden que era fundamental emprender reformas en el Estado, sobre todo en la educación. La minoría ilustrada, con el rey a la cabeza, vieron en ella el camino fundamental para el progreso. Los escasos ilustrados españoles que por aquel entonces destacaban sobremanera en una sociedad mayoritariamente inculta y desigual, con Pedro Rodríguez de Campomanes y Gaspar Melchor de Jovellanos al frente, afirmaban que disponiendo de una escuela, sólo haría falta una generación para transformar la sociedad.

 

En este escenario nacen las Reales Sociedades Económicas. Cabe destacar que Campomanes, intelectual puro, académico de Historia a los 25 años, centró sus esfuerzos en la promoción de la historia, la cultura y la educación del pueblo junto con la mejora de la agricultura y de los diversos oficios, ya que consideraba que estas asociaciones estimularían e ilustrarían recíprocamente a todas las personas, sumando sus fuerzas en pro de resultados satisfactorios para todos.

 

Así fue como, de la mano de este puñado de hombres ilustrados, liderados por Carlos III, la Matritense puso en práctica su lema: "Socorre enseñando", convirtiéndose en una auténtica universidad de ciencia aplicada

Una auténtica universidad de ciencia aplicada

La Matritense dividió sus actividades entre la enseñanza práctica, y gratuita, y la aplicación de las últimas investigaciones para el desarrollo del país y el incremento del bienestar social.

 

Impartió cursos gratuitos para la ciudadanía, haciendo especial hincapié en las clases más desfavorecidas, al mismo tiempo que en un ambiente de igualdad y fraternidad, hicieron infinidad de estudios y redactaron informes sobre la reforma de la agricultura que haría posible que nuestro país, en el futuro, se industrializase.

 

No podían ir mejor encaminados. Hoy en día lo sabemos con certeza. A la hora de estudiar el desarrollo económico, la “evolución agraria” es un requisito indispensable para la “revolución industrial”. Todos los países que cuentan actualmente con una economía industrializada, han sido agrarios en las fases iniciales de su desarrollo. 

 

Desde entonces, la contribución de la Sociedad Económica Matritense a la educación ha sido constante. En el siglo XVIII se crearon las llamadas Escuelas de Oficios y Escuelas Patrióticas, para que niños y niñas sin recursos recibieran una formación que les facilitase ejercer una profesión en el futuro. En el mismo siglo se crea, por iniciativa del padre José Fernández Navarrete, un Colegio de Sordomudos. A la vista del éxito alcanzado, se decide también fundar la Escuela de Ciegos.

 

En 1866, bajo el reinado de Isabel II, Leopoldo O'Donnell trasladó la Matritense a la Torre de los Lujanes.

 

En el siglo XIX una Cátedra de Taquigrafía se sumó a las de Economía (a la que asistió el mismísimo Mariano José de Larra), Estadística, Fisiología y Patología de los Vegetales con aplicación a la medicina y la agricultura, la del Sistema Métrico Decimal y la de Paleografía y Diplomacia. Todas ellas fueron sucediéndose en el tiempo traspasando incluso los límites de nuestras aulas.

 

Este fervor cultural de promover el socorro que ofrecen la enseñanza y la difusión de la cultura llevó a la Sociedad Económica Matritense a participar en la fundación de diversas instituciones entre las que se cuentan el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid y la creación de la Caja de Ahorros.

Socorrer enseñando contra viento y marea

 

El historiador José Luis Comellas describe el siglo XIX en España como un período convulso en el que se contaron 130 gobiernos, 9 Constituciones, 3 destronamientos, 5 guerras civiles, decenas de regímenes provisionales y un número indeterminado de revoluciones que se pueden redondear en 2.000.

 

El siglo XX no fue más apacible. El problema regionalista de España, las consecuencias de la pérdida de Cuba y Filipinas con sus consiguientes crisis económicas, el anarquismo, el socialismo y su auge, las problemáticas religiosas, la “Ley del candado”, la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918), la Revolución Soviética de 1917, huelgas y más huelgas, el golpe de estado de Primo de Rivera, la caída de Alfonso XIII, la República de 1931 y su Constitución, el bienio derechista, el frente popular, la Guerra Civil, Francisco Franco, la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945), el aislamiento internacional, la monarquía parlamentaria, la nueva constitución, la integración en Europa, la inmigración, las nuevas formas sociales, la globalización, el vertiginoso crecimiento de las nuevas tecnologías…

 

El siglo XXI tampoco se presenta fácil. Avanza con sus vaivenes, poniéndonos delante de nuevos retos, pero ello no nos amilana.

 

Fieles a nuestro lema, en la Real Sociedad Económica Matritense seguiremos haciendo esfuerzos ímprobos para que la cultura continúe teniendo el lugar que merece en pro de la libertad, la igualdad y el desarrollo sostenible.